En la plenitud de ser quien soy.

En la plenitud de ser quien soy.
Silencio para encontrarme y encontrarte...

sábado, 6 de octubre de 2012

El Encuentro...


Un cielo nublado cubre la ciudad a las 3 de la tarde,  camina la doña María josefina, con una  extraordinaria  sonrisa  que deslumbra las miradas de quienes la observan; su particular caminar, meneando sus caderas,  generan en los hombres de la cuadra,  una pasión  tal, que entorpecen el andar de los caballeros.

María josefina, necesitaba esa tarde comprar un kilo de verduras; y dispone salir a comprarla, iba apresurada,  pero sus ansias por querer llegar a la verdurera, no le quitaba la alegría que la caracterizaba.  Ella saludaba gentilmente a las personas que la conocían, y recibía de parte de sus admiradores,  elocuentes versos que sonrojaban las chocolatadas mejillas de tan hermosa morena.  

Al estar en la esquina de amador (como lo llamaban comúnmente los del barrio); a dos cuadras del lugar de su destino,  se deja escuchar a lo lejos los ataques incesantes  de una guerra, y fuertes estallidos: vibrantes y resonantes en el tímpano María Josefina; ocasionándole gran molestia.

María, reacciona inmediatamente; mira fijamente a la mujer que dejo proyectar tal desacato. Ambas con ceño fruncido, se miran, y fuertemente caminan una hacia la otra.

En su tránsito al encuentro, María: levanta su mano derecha, y agarrando un impulso (no acostumbrado),  golpea en los grasientos poros de su contrincante;  dejándola sin reacción alguna para el momento.

La mujer emitiendo un insulto, cae al suelo, intentando levantarse. María sobresaltada pronuncia rigurosas y fuertes palabra a la mujer tendida en el asfalto.  Josefina no puede controlar sus impulsos, y procede a seguir golpeando sin cesar el cuerpo de la mujer.

Toda la comunidad, al darse cuenta del suceso, salen de su cotidianidad para detener a las salvajes mujeres, que escandalizan la paz de aquel hermoso lugar.

Josefina es tomada por el brazo, por uno de los señores que fue al encuentro, y ella,  forcejeando emite de sus morenos y pronunciados labios, el dolor que siente por la pérdida del hombre que la amaba:

“Como es posible que te atrevas a quitarme la tranquilidad que encontré en este sitio, como puedes venir acá, solo a recordarme que te fuiste con él, no tienen vergüenza. ¿No te vasto llevártelo?, pero pobre de ti cariño  ¿piensas que encontraste la felicidad?, me río en tu cara. Está bien, me lo quitaste, pero ahora te digo la verdad. Antes de que te fueras con él , yo me entere que estaba enferma,  y estaba muy deprimida; allí llegaste tú, a sabotearme la vida, a quitarme la única esperanza que me quedaba, la única compañía; él no sabía lo que me pasaba, por eso callo en tus redes. ¿Sabes lo que tengo mamita? SIDA, y él también lo tiene, y si él lo tiene, ¡entonces tú también estas infectada!”

Todos quedaron absortos ante la declaración hecha por María josefina.

Al mismo tiempo que ella terminaba su discurso, la mujer tendida en el suelo no cesaba de maldecir, se levanta y desgarra con su afiladas uñas, el rostro de josefina; corre desesperada gritando ferozmente al cielo, perdiéndose en su trayecto.

La comunidad, en silencio, escuchan el llanto de María, que al ver como se aleja  aquella que destrozó su matrimonio, cae entre las aguas cristalinas producidas por la angustia de momento, al mismo tiempo que las  manos tocan el suelo y se ensucian en la realidad su ser.

Todos se van alejando, dejando en angustia, a la mujer que todos hasta ese momento, consideraban la morena deslumbrante del barrio; nadie queda, solo ella y su otra compañera interna. 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Fuga


Era una tarde lluviosa, el frío apoderaba los cuerpos de las personas que deambulaban por el centro de una ciudad, todos pululan en horizontes difusos  sin forma de conexión alguna entre ellos, sumergidos en un Universo de ideas propias,  separándolos de la realidad presente.

Allí se encontraba Margarita, mujer de faz lánguida y ojos aponderados de los cuales cualquier lechuza sentiría envidia: falda elegante, flacas piernas, arrugadas por la vejez de frustraciones  malditas en el tránsito de su vida. Con las mismas, logró trasportarse hasta el lugar donde escapaba continuamente del bullicio, que ocasionaba el transito constante de una ciudad plagada de seres errantes.

Al entrar, y sentarse en  sus confortables butacas, sacó lentamente una desgastada cigarrera de los años 80, obsequiada por su antiguo amante; sutilmente y con gran alevosía coloca entre sus viejos y arrugados labios el cigarro. 

Al tiempo  que se deja escuchar la música de aquel lugar, observó detenidamente a las personas que allí se encontraban, tal como acostumbraba hacerlo. Apreció Muchas mujeres de ceñidos y coloridos trajes, hombres de largas y grisáceas barbas, un  incesante desfile de copas que rebosan en la atmósfera dionisíaca del momento. 

Su mirada se posó sobre los hombros de un caballero: de gran estatura, y con proporciones que complacen los particulares gustos de tan singular fémina.  

Pasados pocos minutos aún percibe desdibujado el rostro de aquel hombre que ha encantado sus sentidos; Ella con su incesante mirada, cual águila avisa su próxima presa, trastoca la energía que se mueve entorno de aquel individuo. Él, de pronto reacciona ante la conexión mística  propiciada en su entorno, y sabiendo que ésta se genera en su espalda, decide voltear lentamente para entender la situación.

La gran señora, se complace al  saber  que en pocos instantes, podrá descubrir el rostro de quien apodero su atención en ese momento. 

El caballero voltea, la dama ansiosa, y en el  trayecto de pocos segundos se deja ver la identidad de aquellos dos seres. Ambas energías se conectan, y en medio de la impresión de saber quiénes son, él, con la vergüenza que abruma su ser: se levanta cabizbajo, y dando trémulos pasos se dirige a la salida que se encuentra justo al lado donde se sienta la dama. 

Al pasar junto a ella, lo detiene con su delicado brazo, y se miran fijamente a los ojos; La dama con una lágrima que rosa sus mejillas, balancea su cabeza de un lado a otro en negativo ademan, y el caballero agobiado, se desprende de la sutil mano que un día lo tocó; Margarita quedando sola, recuerda con cigarro en mano los placidos momentos vividos con aquel hombre de los 80. 

martes, 20 de marzo de 2012

Ya que la muerte es segura…


Piensa en el comienzo de la vida en esta Tierra: organismos unicelulares que se dividen y evolucionan; El surgimiento gradual de los peces, anfibios, y mamíferos, hasta que aparecieron los primeros hombres hace cinco millones de años; luego los miles de millones de humanos que vivieron poco antes de que naciera yo. Cada uno de ellos nació; cada uno de ellos murió. Murieron porque nacieron. ¿En qué difiero de ellos? ¿No sentían que su vida era única como yo siento que es la mía? Y sin embargo el nacimiento se enlaza a la muerte como el encontrarse se enlaza con el partir.

Este organismo milagroso, formado de un número inconcebible de partes interdependientes, desde las células más pequeñas hasta los hemisferios cerebrales, ha evolucionado a un grado de complejidad creando una  conciencia necesaria para que estas palabras tengan sentido. La vida depende de mantener este balance delicado, del funcionamiento de los organismos vitales. Y sin embargo la siento cambiar con cada pulsación de la sangre que se escabulle en cada respiro.

Soy testigo de cómo envejecen personas de avanzada edad cercanas a mí, su pérdida de cabello, dolor en las articulaciones, arrugas en la piel, entre otros. Y comprendo que la vida avanza   momento en momento.

Es como ir a la deriva en un bote, firmemente río abajo. Miro por la popa, contemplando el paisaje que se dispersa tras del barco. Estoy tan absorto en lo que veo, que me olvido que estoy derivando inexorablemente hacia una cascada que cae cientos de metros.

… y su momento incierto…

Cuando trato de voltear para ver qué tan cerca está la catarata, no lo logro. Sólo puedo ver lo que se desarrolla frente a mis ojos. Puedo ver la muerte de los otros pero no la mía. Mi tiempo va a llegar también, pero no sé cuándo.

Considera que aunque las estadísticas nos aseguran que tenemos un buen chance de vivir hasta una cierta edad “promedio”; Probabilidad que no es certera. No hay ninguna garantía de que voy a vivir hasta la próxima semana, no digamos varios años más. La muerte no sólo les ocurre a los otros, ni tampoco cuando quiero,
el cuerpo es frágil, es sólo carne. Escucha los latidos, la vida depende del bombeo de un músculo.

Cualquier cosa puede pasar. Cada vez que cruzo un camino, salgo de viaje, bajo unas escaleras, mi vida está en peligro. Por cuidadoso que sea, no puedo prever la distracción del hombre en al auto que se acerca, el colapso de un puente, el desplazamiento de una falla geológica, el recorrido de una bala perdida, el destino de un virus. La vida es propensa a los accidentes.

… ¿qué debo hacer?

¿Por qué estoy aquí? ¿Vivo de forma tal que puedo morir sin remordimientos? ¿Cuánto de lo que hago es un compromiso? ¿Me la paso aplazando lo que “realmente” quiero hasta que las condiciones sean más favorables?

El hacer estas preguntas interrumpe nuestra complacencia en la comodidad de la rutina y deshace mis ilusiones sobre un sentido de importancia personal largamente acariciado. Me esfuerza a buscar nuevamente el impulso que me saca del hoyo y me desvía de los común de mis patrones habituales. Me obliga a examinar mis apegos a la salud física, independencia económica, amigos queridos. Ya que fácilmente se pierden; en última instancia no puedo confiarme de ellos.

¿Hay algo de lo que pueda depender?

Quizás en lo único que puedo confiar es que voy realizando mi camino conforme a lo percibe mi corazón; confió en mi intuición que me lleva a la felicidad de mi ser, vivo cada día como si fuera el ultimo y trato de hacer el mayor bien posible.


Una reflexión como ésta no te dice nada que no sepas ya: que la muerte es segura y su momento incierto. El asunto es considerar estos hechos seguido y con tranquilidad, dejándolos que toquen tu ser, hasta que se despierta una percepción sensorial sobre su significado e implicaciones en tu realidad.

Esta reflexión nace  en memoria a un gran amigo fallecido en la madrugada del día 20/03/12  
Siento la pérdida de un amigo muy cercano. Es increíble como dejamos de existir para volver hacer aquello lo que antes éramos. La esencia de tu persona estará en nosotros, en el recuerdo, el rose que tuvimos, en nuestras peleas, los juegos y muchas otros momentos que pudimos compartir; Sigues presente, no ausente, vives, pero en una eternidad que luchaste por alcanzar, Hoy obtienes la corona merecida y estas cerca de aquel que te recibe sin ningún prejuicio, mostrándote realmente como eres, sin caretas, sin distinción de ningún tipo. Gracias Enderson Rodriguez  por haber sigo una persona significativa en mi vida.
 Gracias Enderson