En la plenitud de ser quien soy.

En la plenitud de ser quien soy.
Silencio para encontrarme y encontrarte...

jueves, 27 de septiembre de 2012

Fuga


Era una tarde lluviosa, el frío apoderaba los cuerpos de las personas que deambulaban por el centro de una ciudad, todos pululan en horizontes difusos  sin forma de conexión alguna entre ellos, sumergidos en un Universo de ideas propias,  separándolos de la realidad presente.

Allí se encontraba Margarita, mujer de faz lánguida y ojos aponderados de los cuales cualquier lechuza sentiría envidia: falda elegante, flacas piernas, arrugadas por la vejez de frustraciones  malditas en el tránsito de su vida. Con las mismas, logró trasportarse hasta el lugar donde escapaba continuamente del bullicio, que ocasionaba el transito constante de una ciudad plagada de seres errantes.

Al entrar, y sentarse en  sus confortables butacas, sacó lentamente una desgastada cigarrera de los años 80, obsequiada por su antiguo amante; sutilmente y con gran alevosía coloca entre sus viejos y arrugados labios el cigarro. 

Al tiempo  que se deja escuchar la música de aquel lugar, observó detenidamente a las personas que allí se encontraban, tal como acostumbraba hacerlo. Apreció Muchas mujeres de ceñidos y coloridos trajes, hombres de largas y grisáceas barbas, un  incesante desfile de copas que rebosan en la atmósfera dionisíaca del momento. 

Su mirada se posó sobre los hombros de un caballero: de gran estatura, y con proporciones que complacen los particulares gustos de tan singular fémina.  

Pasados pocos minutos aún percibe desdibujado el rostro de aquel hombre que ha encantado sus sentidos; Ella con su incesante mirada, cual águila avisa su próxima presa, trastoca la energía que se mueve entorno de aquel individuo. Él, de pronto reacciona ante la conexión mística  propiciada en su entorno, y sabiendo que ésta se genera en su espalda, decide voltear lentamente para entender la situación.

La gran señora, se complace al  saber  que en pocos instantes, podrá descubrir el rostro de quien apodero su atención en ese momento. 

El caballero voltea, la dama ansiosa, y en el  trayecto de pocos segundos se deja ver la identidad de aquellos dos seres. Ambas energías se conectan, y en medio de la impresión de saber quiénes son, él, con la vergüenza que abruma su ser: se levanta cabizbajo, y dando trémulos pasos se dirige a la salida que se encuentra justo al lado donde se sienta la dama. 

Al pasar junto a ella, lo detiene con su delicado brazo, y se miran fijamente a los ojos; La dama con una lágrima que rosa sus mejillas, balancea su cabeza de un lado a otro en negativo ademan, y el caballero agobiado, se desprende de la sutil mano que un día lo tocó; Margarita quedando sola, recuerda con cigarro en mano los placidos momentos vividos con aquel hombre de los 80. 

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