Eran las 7:00 de la mañana, la
luz del sol iluminaba el cuarto donde se encontraba Orlando paredes. Su situación no era cómoda, los ojos no podían despertarse del aterrador sueño en que
se hallaba, se movía de un lado a otro
tratando de zafarse; una presión se generaba en su cuello, gritos ensordecedores
daban al lugar un clima tenebroso; la respiración fallaba, una espuma blanca
rosaba sus mejillas, y la torsión de su cuerpo desgarraba la piel con cada
movimiento.
En el cuarto, Junto a Orlando, se
encontraba un hombre de sotana negra, tenía
en su mano derecha un crucifijo, y a la izquierda sostenía un libro de
oraciones espaciales para la ocasión. Alrededor de él, dos mujeres que repetían
con gran fuerza las oraciones emitidas
por el sacerdote.
En una de las esquina del cuarto,
se encontraba María Paula, esposa del afectado. Aturdida por los gritos que escuchaba, pedía a
Dios que ayudara a su esposo a salir del mal que lo posee. Ella en la medida
que suplicaba también proyectaba de su garganta, las oraciones que en coro decían
las acompañantes del sacerdote.
Orlando no podía soportar las
palabras que enunciaban la salida del mal que lo poseía, cada letra retumbaba
sus tímpanos, y sentía como si un alfiler traspasara su órgano auditivo. -En el
nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, fortalecido por la intercesión de
la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del Bendito Miguel, el Arcángel, de
los Benditos Apóstoles, Pedro y Pablo, y de todos los Santos, confiadamente nos
aprestamos a la tarea de repudiar los ataques y engaños del diablo.-
decía el sacerdote.
Orlando con gran fuerza se levanto en la cama y miro
directamente a los ojos del sacerdote, y con voz agravada y nada comparada a la
voz natural de Orlando, dijo – jamás podrás dejar que yo salga de este cuerpo
que poseo, inepto; Tu no tienes poder -.
Inmediatamente al levantarse de
la cama las mujeres sostienen el cuerpo llevándolo a su lugar, y él intentando
de zafarse continua haciendo movimiento
muy rudos; el sacerdote decide montarse encima de Orlando, con la cruz colocándosela
en la frente y rociando agua bendita dice - Te expulsamos de nosotros,
quienes
quiera que sean, espíritus sucios, todos los poderes satánicos, todos
los invasores infernales, todas las legiones malvadas, asambleas y sectas; en
el Nombre y por el poder de Nuestro Señor Jesucristo, que sean extirpados y
sacados de la Iglesia de Dios y de las almas hechas a la imagen y semejanza de
Dios y redimidas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero. Astuta serpiente,
no te atreverás más a engañar a la raza humana, perseguir a la Iglesia,
atormentar a los elegidos de Dios y cernirlos como si fueran trigo. El Dios
Mas Alto te ordena. –.
En este momento Orlando, o el espíritu
que apodera su ser estalla en gritos muy fuertes; la esposa aun se encuentra en
una de la esquina del cuarto, llora sin cesar, pero no hace nada porque sabe que la solución
esta en manos del hombre de sotana.
El sacerdote continúa, las dos mujeres sujetan las manos fuertemente
de Orlando, la espuma su boca llena la cama donde se encuentran, - Por lo
tanto, maldito dragón, y ustedes, legiones diabólicas, ordenamos por el Dios
viviente, por el Dios verdadero, por el Dios santo, deja de engañar a las
criaturas humanas y derramar sobre ellos el veneno de la condenación eterna;
deja de dañar a la Iglesia interfiriendo con su libertad. Vete, satanás,
inventor y maestro de todas las mentiras, enemigo de la salvación del hombre.
Yo te exorcizo en el nombre del padre del hijo y del espíritu santo, amen.
En ese momento estalla un grito espeluznante
que ensordece los tímpanos de todos los que allí se encuentran, y como si
saliera de las profundidades del cuerpo de Orlando, alejándose al infinito.
Allí queda Orlando, agobiado, muy
cansado, tendido en la cama; su esposa corre a abrazar el cuerpo de su esposo y el sacerdote junto a sus acompañantes
observan con alegría el triunfo de un trabajo del trabajo logrado.