En la plenitud de ser quien soy.

En la plenitud de ser quien soy.
Silencio para encontrarme y encontrarte...

domingo, 21 de octubre de 2012

Exorcismo.


Eran las 7:00 de la mañana, la luz del sol iluminaba el cuarto donde se encontraba Orlando paredes.  Su situación no era cómoda, los ojos no  podían despertarse del aterrador sueño en que se hallaba,  se movía de un lado a otro tratando de zafarse; una presión se generaba en su cuello, gritos ensordecedores daban al lugar un clima tenebroso; la respiración fallaba, una espuma blanca rosaba sus mejillas, y la torsión de su cuerpo desgarraba la piel con cada movimiento.

En el cuarto, Junto a Orlando, se encontraba un hombre de sotana negra,  tenía en su mano derecha un crucifijo, y a la izquierda sostenía un libro de oraciones espaciales para la ocasión. Alrededor de él, dos mujeres que repetían con gran fuerza las oraciones  emitidas por el sacerdote.   

En una de las esquina del cuarto, se encontraba María Paula, esposa del afectado.  Aturdida por los gritos que escuchaba, pedía a Dios que ayudara a su esposo a salir del mal que lo posee. Ella en la medida que suplicaba también proyectaba de su garganta, las oraciones que en coro decían las acompañantes del sacerdote.

Orlando no podía soportar las palabras que enunciaban la salida del mal que lo poseía, cada letra retumbaba sus tímpanos, y sentía como si un alfiler traspasara su órgano auditivo. -En el nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, fortalecido por la intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del Bendito Miguel, el Arcángel, de los Benditos Apóstoles, Pedro y Pablo, y de todos los Santos, confiadamente nos aprestamos a la tarea de repudiar los ataques y engaños del diablo.- decía el sacerdote.

 Orlando con gran fuerza se levanto en la cama y miro directamente a los ojos del sacerdote, y con voz agravada y nada comparada a la voz natural de Orlando, dijo – jamás podrás dejar que yo salga de este cuerpo que poseo, inepto; Tu no tienes poder -.

Inmediatamente al levantarse de la cama las mujeres sostienen el cuerpo llevándolo a su lugar, y él intentando de  zafarse continua haciendo movimiento muy rudos; el sacerdote decide montarse encima de Orlando, con la cruz colocándosela en la frente y rociando agua bendita dice - Te expulsamos de nosotros, quienes
quiera que sean, espíritus sucios, todos los poderes satánicos, todos los invasores infernales, todas las legiones malvadas, asambleas y sectas; en el Nombre y por el poder de Nuestro Señor Jesucristo, que sean extirpados y sacados de la Iglesia de Dios y de las almas hechas a la imagen y semejanza de Dios y redimidas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero. Astuta serpiente, no te atreverás más a engañar a la raza humana, perseguir a la Iglesia, atormentar a los elegidos de Dios y cernirlos como si fueran trigo. El Dios Mas Alto te ordena. –.

En este momento Orlando, o el espíritu que apodera su ser estalla en gritos muy fuertes; la esposa aun se encuentra en una de la esquina del cuarto, llora sin cesar,  pero no hace nada porque sabe que la solución esta en manos del hombre de sotana.

El sacerdote continúa,  las dos mujeres sujetan las manos fuertemente de Orlando, la espuma su boca llena la cama donde se encuentran, - Por lo tanto, maldito dragón, y ustedes, legiones diabólicas, ordenamos por el Dios viviente,  por el Dios verdadero,  por el Dios santo, deja de engañar a las criaturas humanas y derramar sobre ellos el veneno de la condenación eterna; deja de dañar a la Iglesia interfiriendo con su libertad. Vete, satanás, inventor y maestro de todas las mentiras, enemigo de la salvación del hombre. Yo te exorcizo en el nombre del padre del hijo y del espíritu santo, amen.

En ese momento estalla un grito espeluznante que ensordece los tímpanos de todos los que allí se encuentran, y como si saliera de las profundidades del cuerpo de Orlando, alejándose al infinito.

Allí queda Orlando, agobiado, muy cansado, tendido en la cama; su esposa corre a abrazar el cuerpo  de su esposo y el sacerdote junto a sus acompañantes observan con alegría el triunfo de un trabajo del trabajo logrado. 

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